martes, 10 de julio de 2007

Acrópolis:
Acrópolis (del griego, akros, ‘grande’; polis, ‘ciudad’), fortificación elevada de la antigua Grecia, bien fuera de carácter natural o bien fuera una ciudadela. Inicialmente un lugar de refugio, la acrópolis típica era construida en una colina o promontorio que se elevaba sobre la región circundante. Debido a la protección conseguida, la zona adyacente a la base de la colina era frecuentemente el emplazamiento de la ciudad. Entre las acrópolis de mayor renombre destacan la acrópolis por excelencia, es decir, la de Atenas, Acrocorinto en Corinto y Cadmea en Tebas.
En ciertas ciudades se levantaban muros más bajos, cuando la acrópolis ya no era útil como bastión militar, y se utilizaban como emplazamiento para templos y edificios públicos como el erario. A la ciudadela de la antigua Atenas se la denomina tradicionalmente la Acrópolis. Construida en una colina de piedra caliza aproximadamente a 150 metros de altura, domina la ciudad y guarda los restos de algunas de las muestras más admirables existentes de la arquitectura clásica, tales como el templo dórico llamado Partenón; los Propileos, un enorme pórtico de mármol en el oeste y entrada principal a la Acrópolis; el Erecteion, un templo famoso por sus excepcionales detalles jónicos y por su pórtico de cariátides, y el templo de Atenea Niké. Estas obras maestras fueron construidas en la Edad de Oro ateniense durante el reinado de Pericles en el siglo V a.C. Dañados y descuidados, algunos edificios fueron restaurados gradualmente después de establecerse la monarquía griega en 1833.

domingo, 8 de julio de 2007

Galia
Galia (del latín, Gallia), nombre romano dado a las tierras de los celtas en el oeste de Europa, su territorio correspondía a una gran parte de la actual Francia, aunque se extendía más allá de las fronteras de dicho país. Estaba limitada al oeste por el océano Atlántico, al sur por los Pirineos y el mar Mediterráneo, al norte por el canal de la Mancha y al este por los Alpes y el Rin. Sus habitantes, llamados galos (del latín, galli), jugaron un importante papel en la distribución étnica de los primeros pueblos de Europa. Las informaciones más antiguas sobre la Galia datan aproximadamente del 600 a.C., cuando los griegos focenses (procedentes de la región de Fócida) fundaron la colonia de Massalia (Marsella) en la costa sur. Los griegos de un periodo posterior llamaron al país Galatia, que en tiempos de Roma se convirtió en Galia.
El siglo de Pericles:
Bajo el mando de Pericles, Atenas se convirtió en un centro importante para la literatura y el arte. Su supremacía despertó los celos de otras ciudades-estado griegas, en particular de Esparta, gran enemiga de Atenas. Las ciudades temían el proyecto hegemónico de Pericles y trataron de derribar la dominación ateniense. Después de estallar la guerra del Peloponeso en el 431 a.C., Pericles reunió a los residentes del Ática en Atenas y permitió que el Ejército peloponeso asolara las distintas zonas del país. El año siguiente estalló la peste en la superpoblada ciudad, lo que acabó con la confianza popular. Pericles fue destituido de su cargo, juzgado y multado por malversación de fondos públicos, pero fue reelegido estratega en el 429 a.C. Poco después murió a causa de la propia peste.
Civilizaciones helénicas:
El reino de Macedonia, situado al norte de Grecia, había permanecido durante siglos aislado políticamente de los restantes estados griegos, aunque muy influido culturalmente por éstos. A mediados del siglo IV adC el agotamiento y división de los griegos proporcionó a Macedonia la oportunidad para intervenir e imponer su hegemonía sobre la Hélade. Ello fue obra de Filipo II (hacia 382 adC a 336 adC), quien, tras derrotar a los griegos en la batalla de Queronea (338 adC), les forzó a agruparse bajo su caudillaje en la Liga Corintia.
El hijo y sucesor de
Filipo II, Alejandro, antes de partir para la conquista de Persia, tuvo que reprimir una sublevación de Tebas y Atenas y dejar al mando de Antípatro un ejército lo bastante fuerte para sofocar los alzamientos que pudieran producirse en su ausencia. Después de la muerte de Alejandro, Atenas intentó recuperar la independencia; al movimiento de liberación se adhirieron numerosas ciudades de la Grecia central, del Peloponeso y de Tesalia, pero fueron derrotadas por Antípatro en Cranón (322 adC). Los territorios del Imperio de Alejandro se fragmentaron en varios estados, entre ellos el de Macedonia, que siguió manteniendo su hegemonía sobre Grecia. Los griegos no cesaron en sus intentos de sacudirse del yugo macedónico; a este fin se organizaron las Ligas Etolias y Aquea, que libraron a Atenas de la tutela macedónica. No obstante, las dos Ligas se debilitaron progresivamente a causa de sus guerras y luchas sociales interiores.
Cartago:
Cartago (del fenicio Qart-Hadašh, la "Ciudad Nueva", escrito sin vocales en el púnico como ) fue una ciudad de la Antigüedad, situada al norte de África. Según la tradición, Cartago fue fundada por exiliados de la ciudad fenicia de Tiro en el año 814 adC , en una antigua península que delimitaba uno de los bordes del actual golfo de Túnez, un lugar escogido y seleccionado por ser fácilmente defendible y situado geoestratégicamente en las rutas comerciales que mantenia Tiro en esa epoca.
La ciudad de Cartago estaba situada en el territorio ocupado en la actualidad por
Túnez. Fue fundada por los comerciantes fenicios de Tiro y, según la leyenda, por la princesa Dido (o Elisa), hermana de Pigmalión.
La colonia llegó a alcanzar tal importancia comercial que rivalizó con las propias metrópolis fenicias. A su alrededor se erigió el Imperio Cartaginés, la más importante potencia marítima del
Mediterráneo Occidental hasta las Guerras Púnicas.
Machu Picchu:
Machu Picchu, bastión inca en los Andes, situado a unos 130 km al noroeste de Cuzco, en Perú. Está emplazado a gran altitud en una cima entre dos picos, a 600 m aproximadamente sobre el río Urubamba, a unos 2.045 m de altitud. Los restos de la ciudad cubren unos 13 km2 de terrazas construidas en torno a una plaza central y conectadas entre sí mediante numerosas escaleras. La mayoría de los edificios, se calcula un total de más de 150 viviendas, son casas de una sola habitación (en la actualidad sin su correspondiente techo), dispuestas en torno a patios interiores. Algunas de las estructuras más grandes fueron utilizadas para ceremonias religiosas. Dos de los edificios más destacados son la Casa de la Ñusta, que pudo ser una zona de baños y de la que se conservan varias puertas trapezoidales con enormes dinteles; por otro lado, es famoso el intihuatana, u observatorio astronómico que se levantó en uno de los lugares más estratégicos, desde donde los incas pudieron estudiar los movimientos del Sol. Todas esas estructuras se caracterizan por una gran habilidad constructiva y una hermosa artesanía. Construida seguramente después de 1450, la ciudad fue descubierta en 1911 por el explorador estadounidense Hiram Bingham. Machu Picchu no aparece mencionada por las crónicas de los conquistadores españoles del Perú y la época de su ocupación es incierta. Bingham creyó, erróneamente, que Machu Picchu podría haber sido Vilcabamba, el último refugio de los altos dignatarios incas de Cuzco que huían de los invasores españoles, pero no se conoce realmente nada de su historia.


El dios Júpiter(Zeus) de la mitología romana

En la mitología romana, Júpiter (en latín Iuppiter) ostentaba el mismo papel que Zeus en la mitología griega como principal deidad del panteón. Fue llamado Juppiter Optimus Maximus Soter (‘Júpiter el mejor, mayor y más sabio’) como dios patrón del estado romano, encargado de las leyes y del orden social. Fue el dios jefe de la Tríada Capitolina, que formaba junto a Juno y Minerva.
Júpiter era retratado como un dios sabio y justo pero tenía un gran temperamento, reinaba sobre la tierra y el cielo y sus atributos eran el águila, el rayo, y el cetro. Uno de los defectos de Júpiter era su promiscuidad y para realizar sus conquistas amorosas, se transformaba en animales como cisnes, toros o pájaros, pues él no podía ser visto en toda su gloria. El Júpiter romano poseía una personalidad menos marcada que su equivalente griego y los aspectos religiosos permanecían mucho más diferenciados entre ambas culturas.
En el periodo imperial era habitual que emperadores como
Claudio o Domiciano adoptasen características de las representaciones de Júpiter en sus propios retratos intentando reafirmar su soberanía sobre el imperio.